Mercados de predicción frente a encuestas
Las dos cifras se publican una al lado de la otra como si midieran lo mismo, y no lo hacen. Una encuesta pregunta a una muestra a quién votaría hoy. Un mercado registra cuánto está dispuesta a pagar la gente por un resultado. La primera es una medición; la segunda es un precio, y de ahí salen casi todos los malentendidos.
Qué mide cada uno
Una encuesta tiene muestra, metodología publicada y margen de error, y responde a una pregunta acotada: qué dice un grupo de personas que hará. Un mercado no tiene muestra ni margen de error —tiene participantes— y responde a otra: qué creen quienes ponen dinero que va a ocurrir. Son preguntas parecidas y no son la misma.
La diferencia se nota sobre todo cuando el sistema electoral no es directo. Una encuesta nacional mide voto popular; el mercado apunta a quién acaba gobernando, que en el sistema estadounidense puede ser otra persona. Está desarrollado en las elecciones de Estados Unidos según los mercados.
El punto que casi nadie menciona: no son independientes
El mercado ya ha leído las encuestas. Cuando se publica una, el precio se mueve en cuestión de minutos, así que buena parte de lo que hay dentro de ese porcentaje son las encuestas, más el calendario, más el resto de noticias.
De ahí la consecuencia incómoda: cuando fallan, tienden a fallar juntos y en la misma dirección. Tratar el mercado como una segunda opinión que confirma a la encuesta es engañarse — se parece más a leer dos veces la misma fuente.
Dónde falla una encuesta
El margen de error que publica es el problema menor y el único que está cuantificado. Los serios son los otros tres: quién contesta y quién no, quién acabará votando de verdad, y que la foto es de hace días. Los dos primeros no se corrigen con más gente encuestada; se corrigen con supuestos, y los supuestos pueden estar mal.
Dónde falla un mercado
Que haya dinero de por medio filtra a quien opina sin mirar, pero no convierte al mercado en una muestra. No es una persona un voto: es un euro un voto, y una posición muy grande mueve el nivel sin que haya cambiado nada en el mundo. A eso se suman los mercados con poca gente detrás —el problema está en volumen y liquidez— y la tendencia a inflar lo improbable, que explicamos en el sesgo del favorito.
Qué dice el historial
En 2016, las dos fuentes se equivocaron en las dos grandes votaciones. En el referéndum británico sobre la permanencia en la Unión Europea, las encuestas estaban muy ajustadas y los mercados daban la permanencia por claramente más probable: ahí el que peor lo hizo fue el mercado. En la presidencial estadounidense de ese mismo año, encuestas y mercados coincidieron en dar por favorita a la candidata que no ganó.
En 2020 las encuestas acertaron el ganador y se quedaron lejos en el margen. En 2024 ocurrió lo contrario que en 2016: los mercados se inclinaron por el resultado que acabó produciéndose antes y con más convicción que la media de encuestas. También se supo después que una parte considerable de ese movimiento venía de unas pocas posiciones muy grandes, lo que ilustra bien la advertencia anterior.
Cómo leerlos juntos
No hace falta elegir. Lo informativo es la divergencia: cuando el mercado se separa mucho de la media de encuestas, o está incorporando algo que la encuesta no capta, o está reflejando su propio sesgo. Preguntarse cuál de las dos cosas es un ejercicio más útil que fiarse de cualquiera de los dos números por separado.
Y conviene recordar qué promete un porcentaje. Un mercado bien calibrado al 80 % falla una de cada cinco veces: que ocurra lo menos probable no demuestra que la cifra estuviera mal. Esa idea está desarrollada en qué son los mercados de predicción.
Dónde seguirlo
- Probabilidades políticas: es donde esta comparación se puede hacer de verdad, elección a elección.
- Elecciones en Estados Unidos: el caso con más historial de los dos métodos.
- Se resuelven esta semana: los mercados a punto de cerrar son los que permiten comprobar quién acertaba.