El sesgo del favorito
Cuando un mercado marca 3 %, la probabilidad real suele ser menor. Y cuando marca 92 %, suele ser algo mayor. La distorsión tiene nombre desde hace décadas —sesgo del favorito— y es uno de los patrones mejor documentados en los mercados sobre sucesos inciertos.
Qué dice exactamente
Si se cogen muchos sucesos, se ordenan por el precio que tenían y se comprueba cuántos ocurrieron de verdad, la línea no sale recta. Los resultados muy probables ocurren algo más a menudo de lo que anunciaba su precio; los muy improbables, bastante menos.
En puntos porcentuales la desviación es pequeña. En proporción es enorme: dos puntos de más sobre un 3 % no son un error del dos por ciento, son casi duplicar la probabilidad de la que se está hablando. Por eso el sesgo importa justo donde menos parece importar.
Por qué nadie lo corrige
- Lo improbable se paga de más. Poner poco dinero a cambio de la posibilidad de cobrar mucho resulta atractivo, y esa preferencia no se discute con argumentos: se expresa en el precio.
- Corregirlo renta mal. Para aprovechar un contrato inflado al 3 % hay que vender y esperar meses a que expire, con el dinero inmovilizado, para ganar unos céntimos por contrato. Es un trabajo pésimo, así que se hace poco y la distorsión sobrevive.
- Hay un suelo. Ningún contrato puede cotizar por debajo del precio mínimo que admite la plataforma, de modo que lo imposible y lo muy improbable acaban amontonados en la misma cifra.
- No todo el mundo compra porque lo crea. Parte de la demanda de los resultados extremos es cobertura: gente que quiere protegerse de un desenlace que considera poco probable, no gente que lo espere.
Dónde es más fuerte
En mercados con muchos resultados posibles y poco dinero detrás. En uno binario, líquido y con la fecha cerca, el sesgo casi desaparece, porque hay bastante gente enfrente como para corregirlo. Cómo reconocer un mercado de los primeros está en volumen y liquidez.
Hay además un efecto lateral que cuadra las cuentas: si veinte candidatos cotizan cada uno un poco por encima de lo que les corresponde, la suma de sus porcentajes se va por encima de 100 aunque las horquillas fueran perfectas. Es una de las razones que explicamos en por qué las probabilidades no suman 100 %.
Cómo cambia la lectura
- Un 2 % no significa «hay una posibilidad real». Casi siempre es el suelo del mercado más la afición a lo improbable.
- La cola de nombres al 1-3 % es ruido. En un mercado de veinte candidatos, que alguien «aparezca en las probabilidades» no es una noticia; es el funcionamiento normal del mercado.
- El favorito claro va algo corto. El sesgo empuja también en el otro extremo, más suave: un 92 % probablemente se queda un poco por debajo de lo que correspondería.
Nada de esto es una recomendación de hacer nada con ningún mercado —aquí no se puede operar y no es a lo que se dedica esta web—, sino una corrección mental para leer mejor un número. El resumen del mecanismo, con el resto de sus defectos, está en qué es un mercado de predicción; los mercados con más candidatos suelen ser los de política.