Cómo se leen las probabilidades implícitas
Un contrato que paga 1 dólar si algo ocurre y nada si no ocurre, cotizando a 0,63 $, está diciendo que la probabilidad del suceso es del 63 %. Toda la conversión es multiplicar el precio por cien, y así se hace aquí: está en la metodología.
Lo que descoloca viene después. Al mirar un mercado con varios resultados y sumar los porcentajes de cabeza, el total casi nunca es 100 %. Sale 97, sale 104, a veces sale 130. No es un error de cálculo, y la razón dice bastante sobre la calidad de lo que se está mirando.
Qué quiere decir «implícita»
Quiere decir que nadie la ha medido. No hay una muestra, ni un cuestionario, ni un modelo detrás: la probabilidad se deduce del precio que un grupo de personas está dispuesto a pagar por un resultado. Por eso una probabilidad implícita no tiene margen de error —tiene participantes—, y por eso saber cuántos son importa tanto como el número.
No hay un precio: hay dos
En cualquier mercado conviven el precio al que se puede comprar y el precio al que se puede vender, y entre los dos hay un hueco: la horquilla. Un resultado «al 63 %» suele ser, por dentro, 62 de un lado y 64 del otro. El porcentaje que se publica es el punto medio.
De ahí sale la primera desviación. Si se suman los precios a los que se puede comprar cada resultado, el total queda por encima de 100; si se suman los precios a los que se puede vender, queda por debajo. La distancia entre ambas sumas es la horquilla media multiplicada por el número de resultados, así que en un mercado con veinte nombres y horquillas anchas la suma se va lejos sin que nada esté roto.
Cada resultado es un mercado aparte
La segunda razón es más de fondo. En un mercado de veinte candidatos no existe un único libro con veinte casillas que sumen uno: existen veinte contratos independientes, cada uno con su comprador y su vendedor. Nada obliga a que encajen entre sí.
Además, esos precios no son de la misma hora. Uno se ha negociado hace treinta segundos y otro lleva seis horas quieto, de modo que la suma mezcla momentos distintos. Corregir el desajuste exigiría comprar todos los resultados a la vez e inmovilizar el dinero hasta que el mercado se resuelva —a veces meses— para ganar unas décimas de céntimo. Casi nadie lo hace, y por eso el hueco no se cierra solo.
Y a veces no tienen por qué sumar
Antes de alarmarse conviene comprobar una cosa: si los resultados se excluyen entre sí. Hay mercados que agrupan preguntas independientes —cinco cosas que podrían pasar antes de una fecha— y ahí pueden ocurrir todas o ninguna. Una suma del 300 % en un mercado así es perfectamente coherente.
Cuándo la desviación sí es una señal
En un mercado excluyente y con volumen, una desviación de dos o tres puntos es lo normal. Una de treinta significa otra cosa: que falta algún resultado, que hay contratos sin precio real o que la horquilla es tan ancha que no hay un precio del que hablar.
Por eso aquí un mercado excluyente cuyos resultados se desvíen más de 25 puntos de 100 no se publica, igual que no se publica ninguno con una horquilla superior al 10 %. El criterio completo está en la metodología.
Tres reglas para leerlo
- El porcentaje es el punto medio de una horquilla, no un precio exacto.
- Cuanto más se aleja la suma de 100, menos fina es la foto del mercado.
- Un porcentaje sin hora de comprobación es un dato incompleto: estos precios se mueven en minutos.
Si lo que falla es lo anterior —qué es un mercado y por qué su precio dice algo—, empieza por qué son los mercados de predicción. Y si quieres saber cuánta gente hay detrás de un número concreto, sigue por volumen y liquidez.
Dónde practicarlo
- Tipos de interés: el reparto entre mantener, bajar 25 y bajar 50 es el ejemplo más limpio de todo el sitio.
- Bitcoin: aquí los niveles son independientes entre sí y por eso no suman 100 %.
- Política: candidaturas que sí compiten por el mismo puesto y sí deberían acercarse a 100 %.